
Soy una mujer verdadera que siempre digo lo que pienso porque fui concebida con amor en estado puro. ¿Qué significa esto almas cándidas? Pues muy sencillo, que mi vida nunca será un camino de rosas, pero en cierto modo, creo que es la única forma de vivir. Y podéis tener la tentación de pensar que ello no me hace especial. Supongo, desde aquí que tendréis el descaro de pensar que vuestra conducta no tiene mácula pero es precisamente este razonamiento lo que os hace diferentes. No reconocéis quiénes sóis. Pues, la imagen que refleja el espejo es cómo para echarse a correr. No penséis que quiero incitar vuestra animadversión. Mientras mi inocencia me incitaba a jugar tranquilamente en los alrededores de una iglesia, me quedaba perpleja cuando a través de un acto litúrgico que me resultaba del todo desconocido presenciaba la hipocresía que se destilaba a raudales a través de las manos y los besos envenenados de seres hipócritas que creían en el Juicio Final como examen de su conducta terrenal. A pesar de que se les enseñara que Dios todo lo veía y en todos sitios moraba, no tenían remordimientos en lapidar todos los sacramentos y mandamientos habidos y por haber. En aquel momento, no era conciente de ello, pero por algún extraño don para descifrar los intrincados senderos en la mentalidad humana me quedaba petrificada hasta aquel instante fugaz que consideraba digno de observación para ulterior disección. Aquel fue mi primer contacto (que yo recuerde) de los extraños pactos no escritos que mantenían a flote esta sociedad infectada hasta el tuétano. Curiosamente, aquellos mismos seres, a los que conocía en sus facetas más polémicas , una vez que atravesaban el umbral del templo volvía a sus cuitas y como si nada hubiera ocurrido regresaban a las miradas de soslayo y a las malevicencias sin fundamento. Unos años más tarde, me cuestioné acerca de si la puerta del templo configuraba algo así como una especie de frontera imaginaria que separaba aquella atmósfera densa y cargada del ambiente enrarecido fruto de las excrecencias espirituales.
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